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Auténticos campesinos están desapareciendo en José María Morelos
José María Morelos, Quintana Roo. - La verdadera riqueza cultural y productiva de la milpa maya está en su diversidad. Los campesinos de antaño solían aprovechar su parcela de forma integral: el cultivo de maíz iba acompañado de la labranza de hortalizas, hojas y raíces que complementaban una dieta rica y autosustentable. En síntesis, eran auténticos maestros en la práctica de la añorada soberanía alimentaria.
Pues yo sigo trabajando la milpa y, también hay que trabajar todo tipo de sembrados como la yuca, el camote, el plátano, la chaya, todo lo que es raíz bajo tierra, como el macalito, el macal, macal de guía, macal de voladora...
Sin embargo, al paso de los años, las costumbres se fueron desvaneciendo. La milpa tradicional se redujo, en muchos casos, a un terreno exclusivo para depositar la semilla de maíz, sin ningún otro recurso asociado, lo que terminó por empobrecer la actividad y la tierra misma.
Pues, mayormente la gente campesina siembra solo maíz y cuando cosecha su maíz ya no hay ibes; es casualidad. Algunos que siempre piensan que cuando se hace la milpa, pues es un gasto que hace uno.
En la actualidad, productores como don Armando reman contracorriente para recuperar las semillas autóctonas; no solo de granos básicos y leguminosas como los "ibes" —hoy tan escasos en la región—, sino también de hojas esenciales como la chaya y raíces ancestrales como el camote, la yuca y el macal.
El rescate de este ecosistema productivo también exige romper con la dependencia de los agroquímicos. Volver a las labores de mantenimiento a mano no es un retroceso, sino la garantía de que cada fruto de la tierra conserve su pureza e inocuidad, manteniendo viva la esencia de una tradición que alimenta el cuerpo y la identidad peninsular.