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EL ORO DEL DOMINGO: congelar naranja agria
José María Morelos, Quintana Roo.- Detrás del inconfundible sabor dominical que une a las familias peninsulares, se esconde una silenciosa batalla en los patios locales: la defensa de la naranja agria, un ingrediente hoy escaso y costoso, pero insustituible para la cocina tradicional.
En la península de Yucatán, el domingo no se concibe sin el aroma y el sabor de la tradicional cochinita pibil. Para el desayuno, el gusto es variado: en taco, en pan francés, con su respectivo "pellejito" o "light", como le dicen a la carne magra.
Sin embargo, hay un ingrediente insustituible que define el alma de este platillo: la naranja agria. Un fruto que, en épocas de escasez, se convierte en un verdadero lujo para los gastrónomos tradicionales.
La naranja agria, muy necesario para la cochinita. Como ahorita que no hay, mucha gente trae de fuera, es donde entonces el producto de la naranja está a cinco, siete, ocho pesos una naranja.
Intentar "hacer trampa" en la receta secreta, sustituyendo u omitiendo este cítrico, es condenar al manjar al fracaso: arruina su sazón e incluso, reduce el tiempo de conservación de la comida.
El limón no se puede utilizar porque el limón es muy ácido y lo que hace, en vez de mejorar la calidad de la comida, la aceda por lo ácido que es.
Los "cochineros" profesionales como Miguelito —quien heredó el oficio de su padre y suma ya más de dos décadas resguardando esta tradición— saben que el patio de la casa es la mejor trinchera. Ahí cultivan sus propios árboles, cuidando la producción con recelo para los meses de vacas flacas.
Para temporada que hay nosotros lo que hacemos, embolsamos pequeñas bolsitas de jugo de naranja y al congelador. Eso no se toca mientras haya naranja, cuando llega cierto punto donde no hay entonces nosotros, sacamos una bolsita, pero ya no sería el cien por ciento, jugo de naranja
Esta es un secreto de cocina que tal vez solo distinguirían los paladares más exigentes, pero que garantiza que este baluarte gastronómico siga reinando, domingo a domingo, en las mesas de las familias peninsulares.