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El turismo comunitario en la ruta de la transformación.
Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo.- He tenido la fortuna de sentar mis raíces en Felipe Carrillo Puerto.
Aquí, donde el esfuerzo de nuestras comunidades ha sido constante, pero por muchos años no siempre fue visible.
Durante décadas, lo que hoy llamamos turismo comunitario existía… pero sin nombre, sin respaldo y sin la mirada de quienes tomaban decisiones. Había causas, sí, pero no los motivos suficientes para que la clase política volteara a ver un potencial que hoy, en pleno 2026, ya es considerado un modelo a seguir.
Y es importante decirlo, esto no nació de la noche a la mañana. Es el resultado de generaciones que han cuidado la tierra, preservado la cultura y sostenido la vida comunitaria con dignidad, es un legado colectivo.
Pero también es resultado de decisiones políticas.
Cuando llegó el Presidente Andrés Manuel López Obrador, se dio un paso fundamental al reconocer en la Constitución, en el artículo 2°, a los pueblos indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho. Fue un cambio de fondo ya que por primera vez, el Estado mexicano reconocía a las comunidades como protagonistas de su propio desarrollo.
Ese momento marcó un antes y un después.
Y hoy, esa ruta tiene continuidad.
Desde Tihosuco, en el corazón de la Zona Maya, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo firmó la declaratoria de interés público del turismo comunitario. No es menor, es la consolidación de una visión que entiende que el desarrollo no puede seguir concentrándose, que debe redistribuirse y sobre todo construirse desde el territorio.
La decisión de que el turismo comunitario tenga presupuesto, que el Estado mexicano a través de FONATUR invierta directamente en las comunidades, siembra un precedente histórico. Porque reconocer es importante, pero respaldar con recursos transforma realidades.
Y en Quintana Roo, ese camino ya estaba trazado.
Maya Ka’an no es una promesa, es una realidad construida desde abajo, con organización, identidad y respeto por el entorno. Es la prueba de que sí es posible un turismo distinto, uno donde la derrama económica se queda en las comunidades, donde la cultura no se explota, se comparte y donde el desarrollo tiene rostro.
Ahí también ha sido clave el papel de la Gobernadora Mara Lezama quien ha entendido que el turismo solo tiene sentido si genera bienestar para todas y todos, y no solo para unos cuantos.
Y lo digo también desde lo personal.
Estoy segura de que Amayah, en unos años, podrá recorrer estos destinos y sentirse orgullosa de lo que somos capaces de construir cuando ponemos a las comunidades al centro. De entender que el desarrollo no significa perder identidad, sino fortalecerla.
Hoy hablamos de cientos de comunidades que ya reciben presupuesto directo en el país, de miles de millones de pesos destinados a fortalecer el tejido social desde el territorio y de un modelo que no solo mira al turismo como industria, sino como herramienta de justicia.
Y desde Morena sabemos que la transformación no puede medirse solo en crecimiento económico, sino en cómo ese crecimiento llega a quienes históricamente fueron olvidados.
Hoy, desde Felipe Carrillo Puerto, desde la Zona Maya, México le muestra al mundo que sí hay otra forma de hacer turismo.
Una forma más justa, más humana y profundamente nuestra.